ÁGUAS DE MARÇO
El 2026, la intersección entre la crisis climática, la ambición extractivista y el autoritarismo político ha convertido a la región latinoamericana en un escenario letal para quienes defienden el agua, el ambiente y la vida. Ser defensor indígena o de derechos humanos hoy significa operar en un sistema que criminaliza la protesta mientras protege, por acción u omisión, los intereses del extractivismo.
Vidas de alto valor
En extensos territorios de pueblos originarios y comunidades rurales, las y los defensores del agua y el ambiente, enfrentan amenazas derivadas de la corrupción, la debilidad institucional, la impunidad generalizada. En muchos casos, también de actividades extractivas ilegales controladas por grupos armados que operan con elevada impunidad en los asesinatos de líderes y lideresas.
A mediados de marzo del presente año, un informe de Cultural Survival reivindicaba la memoria de 46 defensores Indígenas asesinados en 2025 en América Latina. La cifra evidencia una limpieza selectiva de los liderazgos más críticos en países como Brasil, Colombia, México y Perú.
Los informes de organizaciones como Global Witness y la CIDH coinciden en señalar que la violencia contra defensores ambientales y territoriales es multifactorial: incluye minería y tala ilegal, narcotráfico y hasta conflictos con proyectos extractivos formales.
En la carrera geopolítica por los recursos, la vida de un defensor que custodia un cuerpo de agua, cabecera de cuenca, un acuífero o un río amazónico parece tener menos valor que la expansión minera, un pozo de petróleo o un bosque sacrificado para ampliar la frontera agrícola con monocultivo y transgénicos.
El documento, expone la agudización de la vulnerabilidad de los pueblos originarios debido a la falta de titulación de tierras y al irrespeto sistemático a la Consulta Previa o Consentimiento Libre, Previo e Informado. Esta realidad muestra que los mecanismos de protección como el Acuerdo de Escazú, -aún ratificado en muchos países- sigue siendo insuficiente, por falta de voluntad política u otros factores, frente a la realidad del sicariato y el desplazamiento forzado.
Feria antidemocrática
Mientras todo esto ocurre, un nuevo ordenamiento legal parece operar en sincronía con la expansión extractiva y actúa como una garantía de impunidad para que el despojo ocurra sin resistencia técnica, ni vigilancia comunitaria y monitoreo ambiental independiente.
En América Latina se implementan normas, tipo la denominada ley anti ONGs, promulgada en el Perú en abril de 2025, como un cierre de cerco diseñado para asfixiar. Esta normativa otorga al Estado la facultad discrecional para criminalizar el acompañamiento técnico y jurídico que las ONG brindan a las comunidades. Medios y grupos a favor, han aprovechado este discurso para etiquetar el activismo territorial como activismo ideológico.
Para los defensores de la Amazonía, las ONG han significado un puente hacia la justicia. Al restringir su actuación bajo pretexto de la transparencia, se deja a las comunidades en indefensión, pues incluso la normativa obliga a revelar datos sensibles de fuentes y beneficiarios, exponiendo a los defensores al sicariato, a la criminalización o la inteligencia policial.
Esta tendencia hacia la restricción del espacio cívico y bloqueo a la defensa de los derechos humanos, bajo el pretexto de transparencia y soberanía nacional, se anuncia con luces de feria en toda América Latina. La Ley de agentes extranjeros de Nicaragua y El Salvador, reformas a la Ley de ONG de Guatemala y la Ley de cooperación internacional de Venezuela, a las que se suman Paraguay, Bolivia y Ecuador, comparten patrones comunes en contextos de alta conflictividad por recursos críticos. Funcionan para desproteger y desarticular la vigilancia ambiental independiente; deja a las comunidades -mayormente rurales y originarias- en una vulnerabilidad extrema frente al avance extractivo.
Águas de Março
É um passo, é uma ponte, é um sapo, é uma rã / é um resto de mato, na luz da manhã / são as águas de março fechando o verão /é a promessa de vida no teu coração (Tom Jobim)
A pesar del miedo, el canto de resistencia no se apaga. Este espacio es para ellos: para Diandra Zamora, José Miguel Mojica Conchangui, Ester Julia Camayo, Vicente Fernandes Vilhalva, Florilba Ramos Morano y su compañero Ferney Elago; Juan Fernando Núñez, Fernanda Domicó, Francisco Marupa, Mitzar Castillejos, Rosa Elena Paqui, Misael Mata Asencio, Sandra Domínguez y mártires que les acompañan vigilando la vida, la cultura, el territorio, el agua y los bosques bajo la sombra del sicariato.
Honramos a quienes cuidan el agua que bebemos todos y nos recuerdan que la tierra no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a ella. Su valentía es la única luz en este laberinto extractivista. Que su memoria sea la semilla de una justicia que demanda que el agua es un tesoro que vale más que el oro, tal como dicen las vigilantes y monitoras comunitarias de agua en el Perú.
